Quienes conocen “Los
últimos juglares” saben que es un libro histórico que trata sobre música
e ilusión, la de los grupos y solistas bilbilitanos de algo más de tres
décadas, que sus páginas detallan minuciosamente partiendo de cuando
José María Dalda daba sus primeros conciertos y obtenía un segundo
premio en el Festival de Las Palmas de Gran Canaria en 1963 y poco
después se formaban los Black Stones, grupo pionero en Calatayud, que
pronto fue secundado por los Pockers, formación –ésta última- que
contaba con un joven Manuel Pérez Blasco, prestigioso músico que
actualmente dirige la Escuela de Música. Por aquellas fechas la Coral
Bilbilitana ya llevaba unos años actuando, e incluso ganando premios,
dirigida por Eduardo García Guerrero.
Hemos de considerar que la vida musical de nuestra ciudad ha continuado
una vez concluido este libro en el año 1996, e incluso ha sido más
prolífica en los últimos años que en todo lo contenido en sus páginas;
hecho que me alegra sobremanera, pero que cuanto mayor sea más obsoleto
vuelve este trabajo. Eso es lo malo que tiene escribir acerca de algo
que está vivo, que evoluciona y que hace que lo escrito pronto parezca
estar pasado de moda. Sin embargo, no deja de ser una parte de nuestro
pasado, una parte muy importante de nuestra historia, puesto que esos
inicios y ese interés por la música de las primeras formaciones y de
esos músicos de hace 40 años es lo que nos ha llevado a la situación
actual, a que en 2008 hubiera 11 grupos de música próxima al rock, al
pop, al metal; por supuesto sin olvidar a la Coral Bilbilitana, la
Agrupación Pascual Marquina, dos agrupaciones folclóricas y diversos
solistas.
Hacia 1.990 comencé a hablar de los
grupos bilbilitanos en una serie de programas radiofónicos; poseía datos
de los grupos en los que yo había estado: Kripton, Trauma, Traumateo,
Muy Frágil, así como de la mayor parte de las formaciones coetáneas:
Topaz, Red Head, Calaveras y Huesos, Möbius, Toro Rosa, Objetos Perdidos
e incluso los rumberos Los Calos. Con intención de completar, en 1.991
inicié una pequeña investigación sobre los grupos pioneros de Calatayud:
Black Stones, Pockers, Brandis, Pops. Cuando Ondayud desapareció
abandoné estas indagaciones.
Pero en mayo de 1.994, Antonio Utrera me
pidió que continuara con esta tarea para editarla por partes en el
semanario “La Verdad”. Ahondé entonces en lo ya sabido y añadí nuevas
formaciones para mi desconocidas, cantantes, solistas y agrupaciones
varias. El mismo Antonio, viendo el trabajo realizado, me animó a
plasmarlo en un libro que acabó siendo “Los últimos juglares”.
Hemos de contar que, en este caso,
simplemente soy “un recopilador de datos” y de ninguna manera me
considero escritor pese a que lo intenté y escribí poemas, cuentos e
incluso probé en varias ocasiones a completar una novela… ¡que
ingénuo!, pues tal vez ingenio tenía, pero me faltaba
vocabulario, no tenía oficio y tenía grandes carencias sobre todo a la
hora de estructurar escritos largos.
Con “Los últimos juglares” solo tuve que
obtener la información y darle forma. La estructura y los capítulos casi
venían impuestos por la lógica, siendo por tanto un trabajo mucho más
cómodo que la de escritor propiamente dicho.
Aún con todo, eso no quiere decir que
fuera sencillo. Fue muy laborioso; tuve que hablar con gran cantidad de
músicos, muchas llamadas telefónicas a Madrid, Zaragoza, Tenerife, etc,
¡y entonces no había tarifa plana! Muchas cañas, cafés y conversaciones
de bar, en diversas poblaciones próximas. Tuve que
buscar escritos que pudieran aportar datos aunque lo cierto es que pocos
hallé. Desde la propuesta inicial para publicar en el semanario hasta la
conclusión del libro pasé más de dos años procurando obtener hasta el
más mínimo detalle de lo acontecido durante el, entonces, último tercio
de siglo, en cuanto a lo musical se refiere. Y aún con todo, seguro que
algunas lagunas quedaron e incluso algún pequeño error puede contener
por no haber recibido una información del todo correcta.
En ese sentido, hubo un caso muy curioso
con Francisco Raimundo Castillo de los grupos Red Head y Möbius al que
todos llamábamos “Paco Raimundo”. Cuando hablé con excompañeros suyos,
me decían que Raimundo era un mote o un segundo nombre, no su apellido,
así que les pedí que me buscaran sus apellidos para ponerlo todo
correctamente. Finalmente decidieron que se llamaba: Francisco Castillo
Marín, aplicándole los apellidos de un familiar suyo, creo que su abuelo
materno. Tras la publicación del libro, Paco Raimundo me dio la
enhorabuena por el trabajo y me dijo que si había una segunda edición
pusiera bien sus apellidos…
Todo este proceso tuvo cosas muy
gratificantes, conocí a varios músicos con quienes sigo manteniendo una
buena relación y con algunos ya conocidos afianzamos nuestra amistad.
También hubo algo negativo en esta investigación, pero sobre la
estupidez y sobre la envidia es mejor no hablar. Más cosas positivas:
escribí –si así puede considerarse- un libro, de modo que aunque no haya
plantado un árbol, al menos sí que por entonces tenía una hija, había
escrito un libro y a falta del árbol, había editado dos discos con
música compuesta por mi. Al año siguiente tuvimos otro hijo, Javier. El
árbol sigo sin plantarlo, pero al menos reciclamos todo el papel, vidrio
y plástico que utilizamos diariamente.
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Cuando presentamos el libro –en diciembre
de 1.996- me quedé algo decepcionado pues tuvo escasa aceptación,
buena, pero corta. Hubo muy poca, por no decir ninguna publicidad y
para colmo el día de la presentación se acumularon un total de cuatro
actos culturales coincidiendo con el mismo horario y a los que sí
dieron publicidad en radios y periódicos. Tampoco vamos a centrarnos en
esto, pues no afecta ni al contenido del libro ni a la importancia
intrínseca del mismo.
No voy a extenderme demasiado en definir
este libro. Simplemente para el que no lo conozca que sepa que contiene
237 páginas distribuidas en una rápida introducción por décadas, una
sección con todos los grupos de pop y rock distribuidos
cronológicamente, conteniendo su historia, relación de componentes y
diferentes formaciones si las hubo, repertorio, actuaciones, anécdotas
–en la mayoría de los casos divertidas o cuando menos curiosas- y por
supuesto fotografías, con una resolución no muy buena, no es lo ideal,
pero suficiente para ilustrar sus páginas y recordar a los protagonistas
de esta historia musical. Otra sección abarca músicos solistas de todos
los estilos, y en tercer lugar grupos y agrupaciones fuera del campo del
rock. Se completa con la discografía bilbilitana de la última década
contenida en el libro (1987-1996), un cancionero (letras de 30 canciones
ordenadas alfabéticamente) y diversos cuadros de formaciones y
variaciones de algunos grupos de pop-rock considerados individualmente (pg.
206 y sgts). Después, si alguien tiene alguna pregunta la responderé (si
sé hacerlo). También podemos leer algún párrafo, la historia de algún
grupo o lo que a ustedes, a vosotros os parezca. Incluso podemos
preguntar a alguno de los asistentes, músicos todavía en activo, acerca
de la música en Calatayud durante los años no contenidos en este libro.
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Por supuesto que nuestra ciudad tiene una
historia previa a lo narrado en Los Últimos Juglares, pero he de
reconocer que de ella conozco muy poco, por no decir nada Antes de lo
comprendido en “Los últimos juglares” hemos tenido grandes músicos como
Pascual Marquina, nacido en Calatayud en 1.873, compositor de música
para banda, para coros, para piano, diversas obras tonales, y también
director de orquesta. Sus obras más populares son los pasodobles:
“España cañí” y “Solera Fina”; también “Viva la Jota”. Marquina falleció
en 1.948 ¡en Madrid!. Y echando la vista más atrás, el compositor
barroco José de Nebra, nacido en 1.702, también en Calatayud, autor de
aproximadamente 20 zarzuelas, inventor de la zarzuela barroca,
compositor de misas y música funeraria, incluso villancicos y otro tipo
de obras. Falleció también ¡en Madrid! en 1.768. Conclusión: ¡no hay que
ir a Madrid!.
Actualmente Calatayud está viviendo
buenos momentos musicales con la existencia de algo más de 10 bandas más
o menos rockeras que pasan por el “Nu-Metal” de UHF -de la mano de Ángel
Marquina que previamente fue fundador e importante valuarte de Sugar-C
desde 1996 a 2001-, el “Heavy-Metal-Melódico” de Xana formado en 2003
con varios componentes procedentes de otras formaciones, entre los que
se hallan los multi-instrumentistas Alejandro Doñágueda (que previamente
pasó por Sugar-C, además de Pa’ke afinar) y Fran Torcal (también músico
de varios grupos), Cabeza de Turko, La Fragua, Perdiendo los Papeles
(recién formados tras la separación de Por Ke Conformarse), Zulo (que
pasa por malos momentos por eso de ser padres –que le pregunten a
Víctor, ahora con gemelos-), QMSO (que acaba de sufrir serias
modificaciones en su formación), LFF (que se llamó Eternal Dream hasta
que otros registraron ese mismo nombre y se cambiaron al nombre
originario: LFF), Opción Cero (grupo formado en 1995, guadianesco donde
los haya, a veces existen y a veces no, porque varios de sus integrantes
viven fuera y es difícil que coincidan en Calatayud). Y por último la
serie Los Oportunistas/Los Ferpectos y algún otro nombre que se ponen
según qué repertorio interpretan, formado por Santi Díaz, Paco Muñoz,
Pablo Muñoz y Jaime Millán y que suenan de miedo (no, no es porque
asusten). También tenemos a Los Gandules con el bilbilitano Dun Gandul
(citado previamente con su verdadero nombre que no voy a dar pues he de
respetar su apodo gandul) y el zaragozano Tobo Gandul; un grupo
divertido y genial para unos, pero penoso para otros. A mi en particular
me encantan con sus versiones de canciones archiconocidas y con
divertidas letras escritas por ellos, a veces sarcásticas, a veces
psicodélicas, e incluso llegando a incoherentes de vez en cuando. Y
aunque parecen malos –eso dicen algunos-, son muy, muy buenos y tocan de
cine. Son actores; actores y gandules. Por otra parte, recordemos que
hace poco más de un año desapareció otro grupo longevo: 80-of
(2001-2007).
También tenemos a músicos que viven
fuera o que tocan con grupos foráneos, véase Francisco García Domingo,
Paco. En los 70 cantaba con Los Spiders, Los Principes o Zodiac, y
actualmente con la superbanda Zaratustra, además de diversas
colaboraciones en mis últimos trabajos junto a mi hermano José. O bien
Paco Muñoz –previamente citado- que está en diversos grupos de nuestra
ciudad y en otros zaragozanos como Sick Brains. Javier Morte que en
Madrid va realizando diversos trabajos musicales para teatro y para
músicos de allí, y que también ha colaborado recientemente con los
Hnos.Verón y con José María Dalda. Los hermanos Quero, residentes en
Madrid, uno compositor y músico: Javier y el otro con un excelente
estudio de grabación: Guillermo. También Paco Muñoz tiene estudio en
Zaragoza. Los raperos 124 B.R.U.T.A.L incluyen un integrante
bilbilitano: SKL69. No podemos olvidar a Ángel Petisme, el músico actual
más relevante en el plano nacional, nacido en Calatayud aunque de niño
se trasladó a Olvés, y después a Zaragoza y Madrid; se siente
bilbilitano y así lo hace constar siempre que tiene ocasión. Vaya, la
mayoría están en Madrid y no les ha pasado nada…
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Las largas trayectorias de la Agrupación
Pascual Marquina, Los grupos de jotas, la Coral Bilbilitana e incluso
nuestra Escuela de Música, dan muestra de que la música en Calatayud va
a más y que no hay quien nos pare. Tenemos un importante ejemplo con
nuestro gran cantante, al que aprecio mucho, José María Dalda que lleva
una década imparable con cinco discos editados en los últimos 10 años y
con otro próximo a salir.
En nuestra comarca también hay
movimiento musical y mucho. Yo, en particular, conozco poco. Pero sé
que existen varias bandas de música, algunos grupos. Creo que
Electrotaska DF son de por aquí, pero no los tengo localizados y hay
más. Sé que hay más. Existe también una asociación Barranco Rock con
sede en Terrer y formada por diversos grupos bilbilitanos y de la
comarca.
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Con el paso del tiempo he pensado que
este libro debería de haberse llamado: “Los Antepenúltimos Juglares”,
pues “Los Penúltimos Juglares” espero poder escribirlo junto a Alejandro Doñágueda dentro de unos años, y aún debería quedar margen para esos
“Últimos Juglares”.
Para finalizar pido un brindis por
todos los músicos de nuestra comarca, pasados, presentes o por venir.
Que aproveche y gracias por vuestra paciencia.
Juan Verón Gormaz, Calatayud a 17 de
abril de 2009